¿Quién es Valentín Oller?

Biografía

Los orígenes

Corrían los años sesenta, una época de profundos cambios sociales en Cataluña. Muchas familias abandonaban el mundo rural para buscar nuevas oportunidades en las zonas industriales. La historia de mi familia, sin embargo, quedó a medio camino entre ambos mundos.

Mi madre, inmigrante extremeña, nació en Alcántara, tierra del majestuoso puente romano que desafía el paso de los siglos. Mi padre era catalán, natural de Castellfollit del Boix. Ambos vivían en una masía llamada Cal Sargantana, nombre que recibió por la abundancia de lagartijas que habitaban sus muros durante la construcción.

Como tantas otras familias de la época, decidieron apostar por un futuro mejor. Mientras los vecinos abandonaban sus hogares de toda la vida, ellos encontraron una nueva oportunidad en una masía , donde fueron contratados. Mi padre se ocupaba de los animales, las tierras y de cualquier trabajo que la finca necesitara; mi madre, del cuidado de la casa y de la familia.

Fue allí donde comenzó realmente nuestra historia.

Una infancia entre campos y libertad

En 1964 nació un niño al que llamaron Valentín, en honor a su abuelo materno.

Mis primeros ocho años transcurrieron en plena naturaleza. Crecí rodeado de gallinas, conejos, cerdos, trigales y campos de alfalfa. Recogía huevos en las granjas, aprendía el ritmo de las estaciones y absorbía los aromas del campo, esos que, con el paso del tiempo, permanecen intactos en la memoria y son capaces de devolvernos, de repente, a la infancia.

Fueron años profundamente felices.

Compartí aquellos días con mi hermana Lluisa y con los hijos de la familia. Recorríamos los caminos en bicicleta —yo sobre una Orbea, que nuca se estropea; mi hermana sobre una BH, de la que bromeábamos diciendo que «a cada bote, un parche»—. Íbamos a pescar a la Font de l’Arrel, a la gran balsa del Suanya y jugábamos en el bosque del mismo nombre, siempre acompañados de nuestro amigo mayor Ignasi.

Aquella infancia estuvo llena de aventuras, aunque no todas fueron alegres.

Uno de los recuerdos más intensos permanece grabado con absoluta nitidez. Un incendio, provocado accidentalmente al intentar dar calor a unas gallinas, terminó consumiendo cerca de cinco mil balas de paja. Ninguno de los niños sufrió daños, pero jamás olvidaré las llamas elevándose frente a mí ni nuestra ingenua intención de apagar aquel infierno utilizando pequeños tubos de aspirinas vacíos.

Aquella experiencia despertó en mí un respeto profundo por el fuego, un respeto que aún hoy permanece intacto.

El paso a la ciudad

Cuando tenía ocho años, nuestra familia se trasladó a Manresa.

Allí viví mi niñez tardía y toda mi adolescencia hasta los veinticuatro años. Fueron años de amistades sinceras, de aprendizajes y de momentos inolvidables. La vida, sin embargo, siguió su propio camino y muchos de aquellos amigos desaparecieron de mi día a día. El destino quiso que algunos volvieran a cruzarse conmigo muchos años después, en circunstancias especialmente dolorosas: durante el fallecimiento de mi madre y del padre de uno de ellos.

Hay encuentros que la vida reserva para recordarnos que el tiempo nunca borra los afectos verdaderos.

El viaje que cambió mi destino

A los veinticuatro años emprendí una nueva aventura profesional.

El 27 de septiembre de 1988 subí a un barco con destino a Mallorca, sin imaginar que aquella isla terminaría convirtiéndose en mi hogar.

Mallorca me abrió las puertas con generosidad. Allí conocí personas extraordinarias; cada una, de un modo distinto, dejó una huella imborrable en mi vida y contribuyó a moldear la persona que soy hoy.

La vocación de escuchar

Mi profesión como comercial me brindó un privilegio difícil de describir: conocer a miles de personas de muy diversas procedencias, creencias, ideologías, culturas y condiciones sociales.

Con frecuencia ocurría algo que me sorprendía profundamente.

Personas a las que acababa de conocer comenzaban a abrirme su corazón con una sinceridad absoluta. Compartían dolores, pérdidas, conflictos o heridas que nunca antes habían contado.

Al principio me preguntaba por qué sucedía aquello.

Con el tiempo decidí preguntarles directamente. La respuesta era casi siempre la misma:

—»Es que sabes escuchar.»

—»Hablar contigo me transmite paz.»

Sin buscarlo conscientemente, muchas veces una simple reflexión o unas pocas palabras parecían aliviar parte de su sufrimiento.

Fue entonces cuando comprendí que escuchar, de verdad, también puede ser una forma de acompañar y de sanar.

Una búsqueda constante

Desde los veinte años sentí una profunda inquietud por comprender al ser humano.

Comencé leyendo libros de crecimiento personal y, poco a poco, esa curiosidad se convirtió en un camino de aprendizaje permanente.

Participé en numerosos cursos, talleres, seminarios y retiros de distintas corrientes y disciplinas, hasta que llegó un momento en el que decidí organizar mis propios espacios de formación y desarrollo personal.

Siempre me fascinó la observación.

Especialmente, trataba de comprender qué había detrás de las personas que atravesaban enfermedades importantes como el cáncer, la esclerosis múltiple, la fibromialgia o la diabetes.

Sin pretender establecer verdades absolutas, observaba que muchas de ellas compartían un elemento común: la presencia de un acontecimiento profundamente traumático que había marcado sus vidas.

Aquella observación fue el origen de una hipótesis personal que con el tiempo denominé Teoría del Impacto o Impacto Vital, una propuesta de reflexión sobre la influencia que determinados acontecimientos emocionales pueden ejercer en la salud y en la forma de vivir.

Libros que iluminaron el camino

Durante un viaje a Francia ocurrió un hecho que recuerdo con especial cariño.

Mientras paseaba por un pequeño pueblo descubrí, en el escaparate de una librería cerrada por la pausa del mediodía, un libro cuyo título captó inmediatamente mi atención. Esperé a que abrieran para comprarlo.

Aquel libro fue un auténtico punto de inflexión.

Se titulaba “…Et si la maladie n’était pas un hasard…” («¿Y si la enfermedad no fuera fruto del azar…?»).

A partir de entonces llegaron muchas otras lecturas que ampliaron mi perspectiva y alimentaron mi reflexión personal. Entre ellas destacan:

     

      • Usted puede sanar su vida.

      • El poder está dentro de ti.

      • Las emociones que nos enferman.

      • La enfermedad como camino.

      • El cuerpo como herramienta de curación.

      • ¿Por qué enfermamos?.

      • De cuerpo y alma.

      • Sanar las emociones.

      • El método Silva de control mental.

      • Mensajes del agua.

    También conocí las cinco leyes biológicas propuestas por el doctor Hammer, así como su historia personal, incorporando su estudio como una referencia más dentro de mi proceso de investigación y reflexión.

    Con el paso del tiempo he visto cómo cada vez más profesionales integran una visión holística del ser humano, contemplando el cuerpo, la mente y las emociones como una realidad inseparable.

    Formación y aprendizaje

    A lo largo de los años he recibido formación en ámbitos muy diversos relacionados con el bienestar, el crecimiento personal y el desarrollo humano, entre ellos:

       

        • Resonancia.

        • Auto Observación Neutro Consciente (A.O.N.C.).

        • Sintergética.

        • Círculos de Hombres.

        • Procesos de Claudio Naranjo.

        • Aventura del Nuevo Guerrero (MKP).

        • Seminarios de espiritualidad cristiana.

        • Seminarios Hare Krishna.

        • Estudio del texto “Valores que curan” de Isabella di Carlo.

        • Estudio de El poder del ahora, de Eckhart Tolle.

        • Guía de Baños de Bosque por la FTHUB.

        • Primeros auxilios profesionales.

        • Quiromasaje.

        • Masaje ayurvédico.

        • Reflexología podal.

        • Destilación de plantas medicinales y cítricos.

      Cada formación aportó una nueva mirada, confirmándome que el aprendizaje es un camino que nunca termina.

      Centre de Llum y Finca Santa Rita

      En 2007 decidí convertir mi experiencia y mi vocación en un proyecto de vida.

      Así nació Centre de Llum, un espacio dedicado al masaje terapéutico y a diferentes actividades orientadas al bienestar y al crecimiento personal.

      Diez años más tarde, en 2017, vio la luz el proyecto que durante mucho tiempo había soñado: Finca Santa Rita.

      Más que un centro, es un lugar para el encuentro.

      Un espacio que, de algún modo, me devuelve a los paisajes donde comenzó mi propia historia. Allí convivimos con la naturaleza mientras ofrecemos masajes, cursos, retiros, baños de bosque, acompañamientos personales y espacios de descanso y reconexión.

      También acogemos círculos de hombres, de mujeres y grupos mixtos, convencidos de que el diálogo sincero es una herramienta poderosa para el crecimiento humano.

      Junto a GERI Internacional desarrollamos además programas de reconciliación entre hombres y mujeres, abiertos a todas las personas, sin distinción de orientación sexual, origen, cultura o creencias.

      Una forma de entender la vida

      Mirando atrás comprendo que toda mi trayectoria —desde la infancia en una masía hasta los proyectos que hoy desarrollo— ha estado guiada por un mismo propósito: comprender mejor al ser humano y acompañar a quienes buscan vivir con mayor conciencia, serenidad y plenitud.

      Cada persona que ha pasado por mi vida me ha enseñado algo.

      Cada experiencia, incluso las más difíciles, ha dejado una semilla.

      Y si has llegado hasta el final de estas páginas, sólo puedo expresarte mi más sincero agradecimiento por haber dedicado parte de tu tiempo a conocer mi historia.

      Ojalá, de algún modo, también forme ya parte de la tuya.